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Des-subjetivación y subjetivación familiar posterior al suicidio: su
clínica
María Cristina López Camelo*
Trabajo presentado en el
II Congreso Internacional de Suicidiología
III Congreso Nacional sobre Suicidios y Problemáticas Asociadas
I Jornadas Provinciales de “Nendivei”
Asociación para la Intervención en Situaciones en Crisis y Riesgo Suicida
La conmoción del suicidio en la familia, tiene su particularidad, ya que es en
el grupo familiar donde los primeros lazos de amor con el niño darán lugar a las
primeras identificaciones y a la constitución subjetiva.
¿Qué es una familia? Para la sociedad, para el individuo, para un terapeuta.
Pregunta que es fundamental desplegar cuando se trabaja en la clínica con
familias, relacionada con el riesgo de que “el modelo de familia”, en el que el
terapeuta se maneja, puede funcionar como prejuicio que incidirá en la escucha.
Algunos antecedentes o algo de historia
La familia moderna cono la conocemos actualmente no fue lo que caracterizó las
relaciones humanas antiguamente. Su origen está relacionado especialmente a un
modo de organización social de los individuos en relación a los intereses
públicos y privados de la sociedad.
Aristóteles, define a la familia como una comunidad (aikia u ahítos) que sirve
de base a la ciudad. Estructura jerárquica centrada en la dominación patriarcal.
La constituyen tres tipos de relaciones amo-esclavo, esposo-esposa y el lazo
entre padre e hijos. La aikia es indispensable para la vida en sociedad porque
toda ciudad está compuesta por familias y privada de ellas, una ciudad corre el
riesgo de hundirse en la anarquía.
Lo que constituía antaño la familia, era un conjunto, una casa, un grupo, que
incluía a los demás parientes, los allegados, los amigos, los domésticos. La
familia tradicional aseguraba la transmisión del patrimonio.
El matrimonio, familia burguesa, nace hace más o menos hace 200 años, cuando se
disuelve la nobleza. Hay una institucionalización de las relaciones que surgían
a partir de los vínculos espontáneos, con el romanticismo se enlaza la
concepción del amor en la elección del cónyuge y la conformación de la familia.
Las transformaciones en las relaciones económicas, políticas y culturales
afectan a lo largo de la historia las costumbres sociales, los estilos de vida y
los modos de conformación de la familia.
Esto se refleja también en el campo de la antropología, sociología,
psicoanálisis, hay distintas concepciones acerca de la familia, están aquellos
que consideran a la familia “normal”, sosteniendo la concepción de la familia
burguesa como universal. Otros consideran que la familia en su rigidez, es
responsable de patologías y cuestionan el poder patriarcal y la moral sexual.
De un bando o del otro, se corre el riesgo de encasillar las actitudes humanas,
con todas las variantes y matices que esto tiene con dos líneas extremas “los
apocalípticos” y los “integrados”.
El concepto de cambios o transformaciones familiares (que desarrolla Déborah
Fleischer, en su libro Clínica de las Transformaciones Familiares), está atento
al análisis de las fuentes documentales y no toma a la familia burguesa de la
sociedad occidental, como patrón de medida universal.
Pararnos desde esta mirada, desde la historia social hasta la actualidad, nos
permitirá acercarnos a la clínica teniendo en cuenta las modificaciones que
pueden producirse en las subjetividades de nuestra época.
A partir de esta posición teórica, acercarnos al caso por caso, despojándonos de
estadísticas, de lógicas moralistas, de causalidades matemáticas.
El sujeto: una constelación familiar particular
La familia aparece como el mejor ejemplo de interacción entre lo público y lo
privado. Es en el marco de lo privado donde tiene lugar la socialización.
En “El malestar en la cultura” (1948 Vol. III) Freud sostiene que el motor de
esas dos instituciones que son el matrimonio y la familia es Eros, no se le
escapa que el origen del amor es siempre un amor ligado al goce.
Eros y Ananké, escribe Freud, son los padres de la cultura humana, esta
conjunción nos indica que la familia, establece una articulación entre lo que se
ha llamado vida privada y vida pública. Es decir la familia tiene un pie en el
vínculo social y por así decirlo en la cultura, y también como reducto del Eros,
en donde entra en discordia con la vida pública. La sociedad no es una
ampliación de la familia, los lazos y prácticas sociales, incluyen tanto la
división como la articulación entre familia y sociedad.
La familia por un lado transmite la cultura, es decir la renuncia a la
satisfacción pulsional, es una restricción al goce del que padece el ser
hablante; pero por otro lado la familia es el obstáculo a la cultura porque en
ella se aloja el goce que al ser hablante le queda.
Tiene un valor formador, porque coloca al niño en relación a las primeras
identificaciones y serán las leyes del lenguaje las que regulen los
intercambios, transmite el nombre, el apellido y el lugar en las generaciones.
El lenguaje y su lógica hace definir a la familia como ser de discurso, o sea de
lazo social.
La transmisión que permite la familia no es solo la de la reproducción y su
permanencia, en relación a la atención de las necesidades suscitadas por la
indefensión en que nace el niño, implica una constelación familiar particular,
padre, madre, hermanos. El niño luego adolescente y a posterior adulto, deseará
no en el anonimato, pues porta los nombres, apellidos, historias pasadas que lo
representan. Antes de su nacimiento, el ser humano es bañado por palabras,
deseos, amores, odios, que le darán un lugar y un tiempo diferente.
El niño es incapaz de existir física o psíquicamente sin su madre, biológica o
cualquier otra persona que cumpla esta función, porque de eso se trata: de una
función. La madre no está sola con su hijo, ella está marcada (más allá de la
presencia o ausencia del padre), por su deseo de mujer hacia él y qué del deseo
de ese hombre quedó inscripto en ella.
La paternidad no se plantea como un derecho, ni desde el lado del padre, ni
desde el lado del niño que aspira a ser hijo, puesto que se trata siempre de una
función a la cual el sujeto se halla confrontado, quien responderá con sus
propias coordenadas de su relación al deseo, al goce y la ley.
Paternidad no es igual a procreación, ya que padre es una función que introduce
en cada caso aquello que para cada sujeto funcionó como padre, en relación a la
prohibición del incesto.
En este deseo del padre, lo que prohíbe a la madre, es hacer del hijo un objeto,
una prolongación de su cuerpo.
La familia es un lugar donde cada uno pueda encontrar un espacio para lo que es
su particularidad, darle lugar a esta particularidad del sujeto es lo contrario
de la intolerancia y la segregación.
“El esfuerzo humano mas vital es el de permanecer por fuera de las así llamadas
estadísticas” Stephen Spencer
Tomo este epígrafe de la filosofía, que nos señala que el lugar más vital del
ser humano, no es justamente allí donde las variables científicas, predecibles
coinciden y lo ubican en un standard de conducta determinado y prefijado por la
ciencia, en todo caso para el psicoanálisis, será cómo cada caso y su
contingencia se inscribe en la dialéctica del deseo, de lo particular.
Este trabajo nace justamente de lo particular de la clínica con familiares
afectados por el suicidio de un familiar, hijo, padre, esposo, sobrino, madre,
tío, amante, etc., se acercan al Centro de Atención a Familiares de un Suicida
en ocasiones al poco tiempo del suicidio.
Generalmente es una persona la que llama, quien representa un grupo humano, en
general familiares directos, que han quedado paralizados frente a lo siniestro
de esta muerte,
Se cita a todos los que quieran asistir en el primer encuentro, aclarando que el
lugar está abierto y son ellos los que construyen un primer lazo entre los
afectados, convocándolos a construir una demanda grupal, un modo de encontrarse
y empezar a hablar sobre el suicida y los que quedan.
En la mayoría de los casos, son los familiares más cercanos los que se sienten
profundamente conmovidos, ya que “el suicidio”, ha destruido toda posibilidad de
llamado, de auxilio, quedando los afectados también caídos de la escena.
Los familiares se presentan en grupo, vienen todos juntos, e intentan cada uno
armar-se de razones, silencios, broncas, en relación a los porque que se
despliegan construyendo una trama, allí donde no hubo palabras.
DEL ANONIMATO- A LA CONSTRUCCIÓN DE UNA NOVELA TRÁGICA
Dora se acerca al CAFS, pues hace quince días se suicidó su hija mayor Brisa,
ella está paralizada y muy preocupada por sus hijos. Dora tiene un primer
matrimonio con Carlos, con quien tienen cuatro hijos hoy adolescentes, Brisa era
la mayor. Cuando el menor tenía tres años Dora se va de la casa y sus cuatro
hijos quedan a cargo de su padre Carlos. Dora forma otra pareja con quien tiene
dos hijos.
La primera entrevista fue con Dora y su pareja actual, ella habla nuevamente con
sus hijos, reuniéndolos para la entrevista con el terapeuta, a la cual decidió
no participar.
Se conformó un grupo formado por los hermanos de Brisa, hijos de Dora y la novia
de uno de ellos. A partir del pedido del grupo, se trabajó durante tres meses.
Manifestaban que les hacía bien venir, hablar, encontrarse, mirarse.
Pasaron del amor al llanto, la bronca, el odio, las peleas, los celos con su
hermana mayor Brisa, recorriendo los porqué de su suicidio.
Cada uno habló de cómo vivió el abandono de su madre, las locuras de esta, las
contradicciones y a su vez el amor, ya que aunque ella no estaba, la zapatilla,
el abrigo, el libro, era algo que ella siempre donaba. En muchas ocasiones todos
se juntaban en la casa materna y ella los traía y los esperaba.
Los hijos de Dora y Carlos, nunca tuvieron un hogar tradicional, sufrieron el
abandono de la madre y del padre, quien parecía hacerse cargo, pero mostraba su
imposibilidad de sostener a sus hijos, un trabajo, un orden familiar, una casa.
A causa de esto hubo reiteradas intervenciones del juzgado de menores.
Los recursos que mostraban estos adolescentes desde lo simbólico, capaces de
discutir, hablar interrogantes y certezas, incluso haciendo uso del humor y la
ironía, para decir algo de lo indecible. Las estrategias que desarrollaron para
resolver sus vidas, dan cuenta que la disolución del grupo familiar, no tuvo
para todos los miembros de la familia el mismo padecer.
El suicidio, cuando irrumpe en la familia, deja a sus miembros mudos sin
palabras, tiesos y con la imposibilidad de encontrarse con el otro, los lazos
familiares se van resquebrajando, por la distancia y el silencio.
El grupo de los hermanos de Brisa, hijos de Dora, durante los encuentros,
comenzaron a historizar sus vidas y la de Brisa, que no es lo mismo que sólo
padecerla, construyeron una novela trágica, pero contable, escrita con sus
palabras, nombres, marcas, son hijos de, hermanos de, nietos de, primos de,
vecinos de, en un tiempo y un espacio.
Descubren que no son anónimos, tienen filiación, un nombre, apellido, marcas que
reconocen como propias, locuras, amores, odios, secretos, esto les permite
recuperar el lazo que se rompe con el suicidio de Brisa, con las historias
ocultas o no de cada uno. Cada cual desde allí, iniciará o no un duelo.
Dora no pudo hacerse cargo de su angustia, ella traía a sus hijos, reconocía
indicios importantes y preocupantes de los mismos en relación a como les había
conmovido el suicidio de su hija Brisa, pero ella parecía sostener su propia
constelación familiar sin preguntarse acerca de sus implicancias. Instaló en
ella y sus hijos un antes y un después del suicidio de Brisa, con ese acto de
preocuparse por la consecuencias, en definitiva advertida de la repetición en su
propia familia, busca para sus hijos otro lugar, por fuera, donde las palabras
empiezan a ocupar el lugar del silencio y la compulsión.
El suicidio, es un acto privado que compromete a lo público, en la medida que
instala la muerte en el lugar donde nadie la espera. En el grupo familiar, a
posterior del suicidio se entrelazan culpas, odios, rencores, amores no
correspondidos, celos actuales y antiguos, entre el que se suicidó y los cruces
de las relaciones familiares, padre, hermano, madre, tía, abuelo, abuela, novia,
amante etc. De esto no se habla, como un modo de resguardar y resguardarse, las
culpas propias y ajenas que cada uno encuentra para explicar el acto.
Dar un lugar a los familiares afectados por un suicidio donde esto pueda ser
vehiculizado por la palabra, permite empezar a reconstruir algo de la novela
familiar, aunque lo trágico la atraviese.
Convocarlos a romper el silencio y recrear los lazos, historias y tragedias de
cada grupo, inscribe el acto, desde las palabras de cada uno de sus miembros y
abre una puerta a la angustia por la pérdida, instalando la posibilidad de
iniciar un duelo.
Bibliografía:
Dolto, Francoise
“Hoy en día en familia”
Fleischer, Déborah “Clínica de
las Transformaciones Familiares”
Freíd, Sigmund
“La novela familiar del neurótico”
“El Malestar en la cultura”
Lacan, Jacques
“La Familia”
“Los Nombres del padre”
Laurent, Eric
“La familia moderna”
Millar, J.A.
“Cosas de familias en el inconsciente”
Roudinesco, Elizabeth “La Familia en Desorden”
*Psicóloga – Psicoanalista
Integrante del CAFS
Centro de Atención al Familiar del Suicida
www.familiardesuicida.com.ar