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EL SUICIDIO Y EL DOLOR DE EXISTIR: LOS AFECTADOS POR SUICIDIO Y SU DUELO
Lic. Diana Altavilla*
Trabajo presentado en el
II Congreso Internacional de Suicidiología
III Congreso Nacional sobre Suicidios y Problemáticas Asociadas
I Jornadas Provinciales de “Nendivéi”
Asociación para la Intervención en Situaciones en Crisis y Riesgo Suicida
“Lo que atenta a la vida
no es el mal
sino el infinito”
El Aleph J.L.Borges
El suicidio es un acto privado que afecta lo público. Sale de los límites de lo
individual empujando al grupo –familia, escuela, comunidad de trabajo, etc.- a
una vertiginosa experiencia de fragmentación social. Pérdida de lazo.
Estigmatización. Presencia de lo ominoso en la experiencia de cada uno y en la
experiencia del nosotros.
Como acto empuja a la búsqueda, la más de las veces permanente, de una respuesta
que toma y torna a los sujetos impedidos respecto del vivir.
Intento transitar en este trabajo el camino de dar algunas respuestas e
interrogarnos sobre las maneras en que esto se instala en el imaginario
individual y colectivo y las formas en que los sujetos pueden recobrar su
subjetividad respecto del acto cotidiano de vivir.
Un artículo que circula por la Web estos días llamado “ De la Tanatología:
trastorno por stress postraumático TEP o duelo? De Paulo Acero Rodríguez de
Puerto Rico ( www.atanay.com ) da cuenta de
la importancia de la inclusión de la Tanatología en las ciencias médicas debido
al exceso de patologización en la comprensión de las relaciones de pérdida en la
formación de los agentes de salud. Este artículo me hizo reflexionar nuevamente
de la importancia del enfoque, del modo en que miramos y abordamos los procesos
de duelo y el riesgo que implica para las personas su congelamiento en un lugar
de “victima” impidiendo pensar las intervenciones psicológicas como dirigidas a
la realización de un proceso de elaboración.
Pensar el duelo por suicidio, en este caso, como trauma sería equipararlo a un
estado definitivo del ser.
“Uno de los serios problemas que enfrentan las instituciones, es que frente a
grandes cambios, todos los fundamentos, valores, pactos anclados en su origen
son considerados obsoletos y ajenos a lo que la sociedad reclama o necesita.
Esto genera caos y confusión con implicancias graves para los sujetos implicados
en ellas, ya que para estos no es exigible (ni desde el discurso familiar ni
desde el social) que nada o todo cambie sin consecuencias patológicas” (Piera
Aulangier, 2004)
La imposibilidad melancoliza, transmuta la desesperanza en nihilismo, “nada se
puede hacer” es la frase que predomina.
El sufrimiento es radical al humano, y por lo tanto es inevitable que tenga
consecuencias psíquicas y somáticas cuando se torna insoportable, ya que el
desinvestimiento y la desligadura de la pulsión de muerte se torna inevitable. (Piera
Aulangier, 2004)
“Argumento de vida” es un término acuñado por Eric Berne (1974) y se refiere al
“plan o programa concebido en la infancia en base a influencias parentales y
luego olvidado o reprimido pero que continúa sus efectos y que dirige la
conducta del individuo en los aspectos más importantes de su vida”. Responde a
las tres preguntas existenciales esenciales: quién soy? Qué hago en este mundo?
Y quienes son las personas que me rodean? Las expectativas familiares determinan
las condiciones de supervivencia social mediante estímulos sociales.
Antonio Di Benedetto comienza su libro “Los suicidas” (1969) con ésta frase: “Mi
padre se quitó la vida un viernes por la tarde. Tenía 33 años. El cuarto viernes
del mes próximo yo tendré la misma edad. Aunque tía Constanza, con reserva pero
sin tacto, mencionó esa coincidencia, no he vuelto a ella mi pensamiento hasta
hoy, que el tema, de cierta manera, ha salido a mi encuentro”. “Hay que
averiguar, pesquiza propia”.
Di Benedetto ha podido realizar tal vez, con este escrito un recorrido de lo que
llamamos el ser-afectado por suicidio. Recorrido de investigación que lo hará
transitar por un sinnúmero de interrogantes acerca de lo acontecido: la muerte,
el dolor, las imágenes, las voces, los recuerdos, los enojos, la impotencia, el
desconcierto, la religión, las respuestas de los otros, el rechazo del mundo, la
soledad, la familia, la verdad, el engaño.
Este recorrido es un camino más extenso que el duelo mismo.
Implica más cuestiones para un sujeto.
Si el trabajo de duelo comprende en todo caso la posibilidad de aceptar la
pérdida del objeto de amor, el trabajo de la afectación por suicidio es algo a
realizarse previamente.
Recién cuando cada sujeto pueda experimentar y corroborar esto, corroborar ésta
pérdida es que el duelo se inicia.
Antes, como muestra Di Benedetto, hay una presencia que resiste al duelo. Cierta
consistencia que no admite fisuras. Se busca una respuesta al suicidio, se busca
un culpable y se busca y se cree en un destino a partir de aquel. Sea a
sabiendas o no.
Estas posiciones de los afectados se evidencian en la cuestión por el enigma del
suicidio, por la participación y por el legado que creen recibir de este.
Aparece un resto que se vuelve presencia, certeza, eternidad, obturando para los
sujetos la propia subjetividad ante la vida, su elección, por sobre la elección
del otro.
El suicida ha querido desprenderse de los lazos para que todo continúe sin él,
sin percatarse de la imposibilidad de esto, pues lo que estaba no puede no dejar
marca y en el suicidio la marca se hace a sí misma en el discurso, eterna.
Borges decía en El Aleph que lo que atenta a la vida no es el mal sino el
infinito.
Esa dimensión inmanente de eternidad que está en cada uno y deriva a la muerte
del deseo, pues si todo ES nada, nada puede faltar.
En un artículo de Eduardo Simalinsky incluído en Psicoanálisis y hospital del
2001se cita el trabajo del filósofo brasileño Loparic quien en un paralelismo
entre Winnicott y Heidegger plantea que para ambos “la comprensión del sentido
del ser del hombre se da en un entre, es decir en una transición de tiempo y de
espacio, y que para ambos el existir contempla una relación íntima con el no-ser
y con la finitud.
Esa que no cesa de no-aceptarse en la afectación.
Resulta imposible para un sujeto representarse su propia muerte de otro modo que
no sea como espectador.
La renegación de la muerte, el consistir al otro en vida se relaciona al rechazo
del sujeto a su propia angustia.
No hay posibilidad de socialización de la muerte, toda vez que hay que
protegerse de cualquier emoción pública o familiar.
En esto son los rituales sociales los que han permitido a través de los tiempos
conectar al sujeto con lo que acontece y en el suicidio, el horror empuja a la
ausencia de estos rituales, dando más consistencia al tema.
Rituales que son obturados en lo social cuando casi no enterramos a los muertos,
cuando no hablamos de ellos, cuando la sociedad no hace algún lugar para el
decir del dolor y del horror por lo pasado, haciendo consistencia a un cuerpo,
el del suicida y a una sola Verdad, la del suicidio.
En la clínica con afectados es función del analista autorizar a cada sujeto que
consulta a dar su palabra, una palabra, la suya respecto del suicidio
permitiendo tornar el horror en algo pensable y compartible, encontrarle algún
sentido al mismo, construir un espacio para la propia vida.
Cierre
Di Benedetto dice en su casi autobiografía en acontecimiento de los 25 años
del suicidio del padre: “El nicho de papá luce cuidado, seguramente mamá lo
preparó ayer y hoy vendrán todos. “Tu esposa e hijos no te olvidarán” promete la
inscripción de la placa. Desde el pequeño retrato, papá, con una mirada
penetrante y alerta, observa. ¿Ante el fotógrafo pudo imaginar que, con esa
mirada despierta que dirigía a la cámara, nos miraría para siempre detrás del
vidrio?
El vidrio me refleja y se me ocurre que se ha salido del cuerpo mi imagen
interior, que es igual a la exterior, y ha querido escurrirse adentro del nicho.
Pero no está más allá del vidrio, se ha quedado en la superficie y esa es una
zona intermedia, entre adentro y afuera”.
Esperamos para los afectados entonces poder acercar alguna interrogación que
permita retornar de ese afuera de la vida.
*Psicóloga – Psicoanalista
Coordinadora Equipo Asistencial
Centro de Atención al Familiar del Suicida
CAFS – Bs As – Argentina
www.familiardesuicida.com.ar
Bibliografía
Aulangier, Piera: “La violencia de la interpretación”.
Amorrortu Bs As,2004.
Di Benedetto, Antonio. “Los suicidas”. Hidalgo Editores. Bs
As, 1999
Janin, Beatriz. “Los adolescentes y el vacío Bs As, Rev
Actualidad Psicológica. Año XIX, N° 212, agosto, 1994, pág.30.
Smalinsky, Eduardo. “Cura y cuidado en psicoanálisis” en
Psicoanálisis y hospital N°20 Ed. del Seminario. Bs. As. Noviembre, 2001.