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DEL MALESTAR EN EL SUICIDIO
Una clínica de lo fúnebre.
Lic. Roberto Urdinola


Ocuparse de los afectados, por “los que quedan”, en el suicidio de alguna persona allegada es incurrir no solo en el análisis de cada uno de los elementos que determinan la permanencia del acto en ellos, sino también realizarlo sobre el marco que se define a posteriori y que da cuenta de los alcances de la significación del acto: el marco de lo fúnebre.
Lo fúnebre, no es un estado de pesimismo racional, sino que hace al escenario en el que se reproduce el suicida, no solo como cuerpo muerto sino también como Otro que promueve la constelación de signos que conducirán al desgano vital de los afectados y una estética que determina en ellos la creencia de un destino compartido.
La tragedia universaliza, lo fúnebre individualiza los somete al espejismo de la reflexión desde un centro de goce que irradian sus dichos.
Si se nos hace necesario esta diferenciación , no es por un afán crítico sino para establecer el espesor de la muerte como causa, ora en lo trágico ora en lo fúnebre.
La etimología de la palabra suicidio( del latín sui: de si mismo; caedere: matar ;caedo: de origen incierto) ordena que el acto brilla en detrimento del motivo. Si el suicidio se muestra en los afectados como vergüenza y silencio, lo es en tanto el acto eterniza un objeto inanimado enunciado en sus palabras. Acto en un sentido aristotélico: donde las palabras dan existencia a un objeto inanimado.La conclusión a la que podremos arribar es que el origen incierto, que nosotros lo encausamos como enigma, soporta el acto suicida por un lado y por el otro los convoca asumir una moral culposa que pretende resolver lo cerrado del fenómeno. Tal como dice Novalis “la acción moral es la gran tentativa en la cual se resuelve todos lo enigmas de los innumerables fenómenos”
Por otro lado en lo fúnebre, a diferencia de la tragedia donde prima la idea del sacrificio como en Antigona quién sin temor y sin compasión nombran a la muerte en el último suspiro del silencio en que ella se sumió, los elementos intervienen en forma tal provocando un efecto multiplicador, transformando la realidad de quienes participan. Reflexiona Roland Barthes: “la muerte(en lo fúnebre) pasa a ser un hecho bruto, y no el elemento de una Razón, es contagiosa: la mujer sigue a su marido en el suicidio, sin estar obligada a ellos, los parientes mueren por racimo”. Lo pulsional mas que definir una economía psicológica adquiere su verdadera dimensión óntica. Lo pulsional restituye la inflexión de las pasiones, que despierta el suicida (amor, odio e ignorancia) que desbordan en los allegados como ser afectados. Lo fúnebre es telos, causa final.
Extremar la idea como Barthes lo hace no es consolidar el terror entre aquellos que pasan por esa experiencia, sino romper el espejismo de cualquier respuesta simple ante estos casos. No es solo el instante fatal sino que el acto por lo fúnebre lo extiende creando ese enunciado en los pacientes: “ Miedo a que yo lo haga”. Teatro obsesivo según el mismo Barthes o lo traumático en el suicidio.
Lo Real de la palabra fúnebre se bordea en su etimología, del latín fünebris y esta de fünus que toma su sentido de acuerdo al texto. Por ejemplo “ Discesum meus fünus dici reipublicae” (Cicerón: que a mí partida se la llama desgracia de la república). La partida trae desolación. Mas cruda en Virgilio funus acerbum ( muerte prematura, destrucción aniquilamiento. Ruina y muerte mas prolongada en funiculus diminutivo de fünus : extensión determinada de un camino, de un recorrido.
En la tragedia el héroe es sometido a una meta a un encuentro que conlleva su desaparición, mientras que en lo fúnebre los elementos se inscriben enlazando los comportamientos, saturándolos de condena, culpa y promesa.
La aproximación formal que nos permite lo fúnebre en el acto suicida no nos exime del análisis de lo que él promueve: el enigma, el legado y la participación.
Un paréntesis. Mas allá de su pretensión óntica la idea de elementos no es el producto de un reducciónismo para luego pasar apresuradamente a describir los efectos del suicidio en los allegados sino el producto de un Real que insiste, un agujero que irrumpe des-representando el mundo .Tomando palabras de Walter Benjamin , ellos se presentan como cifra de un saber enigmático” en tanto orientados por el lenguaje
Es decir, como analistas no nos sentamos en la cúpula del ser a partir de estos elementos para dar muestras del limite, otorgando al acto la sustancia “psico-ontológica” , su Razón de ser-para-el otro imponiéndose en su voluntad. Si fuera así entonces los que sufren por el suicidio de algún ser querido sería porqué no sabe cual es el motivo de la decisión, porque saben que ellos lo pueden hacer, porqué no vale la pena hacer algo ahora que él no esta”.-El sufrimiento estaría dado en sí mismo por estos elementos, ganando solo en ser afectados y perdiendo en significación. Tradición barroca donde se rumia la tensión entre ser y significancia, entre palabra y escritura.
Si bien le otorgan cierta unidad no lo hacen en el sentido de alcanzar alguna coherencia sino que se disponen de manera tal que por una instancia de certeza que se tamizan en forma distinta en cada afectado, desde la pregunta insistente por el motivo del acto o el rechazo persistente a cualquier explicación(perdurabilidad del enigma) el temor a repetir (legado) y el desgano por hacer o el hacer compulsivo (participación).
Ahora es el enigma que sustrayéndose de un plano de igualdad a los otros ya que en si mismo motiva lo que Colette Soler llama la experiencia enigmática estableciendo una clínica diferencial. Primeramente Lacan en su texto sobre Scheber lo sitúa como efecto significante que no hace sustancia de experiencia mística alguna, concluyendo Soler que
“la significación enigmática es una caso particular de la ley del lenguaje, significación de significación, colmo de sentido.
Pero como se constituye en el caso que nos ocupa?. Esa certeza, no convicción de que ese acto suicida algo significa a pesar que la verdad “ se fue a la tumba”, del saber solo goza el muerto. Ese no encuentro con la verdad es obstáculo al duelo? Hay, en última instancia, en los afectados un deseo de no duelo? Que presencia se necesita?
En el espejo del duelo podemos ver la castración a la que estamos sometidos y en consecuencia el desprendimiento, lo irrecuperable del objeto. Pero al decir objeto no nos cernimos únicamente al otro. En la dinámica de nuestro pensamiento suponemos objeto en un mensaje o motivo. Ambas variables protagónicas en el suicidio cuando enunciamos: del saber solo goza el muerto. (Ante una muerte natural no suponemos mensaje alguno ). En el suicidio el enunciado a interrogar es: la muerte y la verdad. Enunciado en que se inscriben los afectados demandando el objeto único que cierre el sentido. No se trata de encontrar la respuesta que tranquilice sino del sentido que haga de la ausencia la existencia permanente. Gozar en su ser afectados y denegar su ser- para-la-muerte. Misión siniestra fijada en los afectados, que concluye en insistencia e imposibilidad posponiendo el duelo necesario. No nos extenderemos en la solidaridad estructural que encuentra ese enunciado de muerte y verdad (la no inscripción de la muerte en el inconsciente, lo estructurante de lo imposible del encuentro con la verdad).
Solo diremos parafraseando a Samuel Becket que el suicida “ es la boca que habla desde la oscuridad”, de un cuerpo barroco que- solo- se- muestra y se despliega guardando en su vientre el objeto desterrado.
Loa afectados son paráfrasis del suicidio o contrasentido de un malestar ,el suicidio, pero sin librarse por ello de su pasión ,fúnebre.

 

    Lic. Roberto URDINOLA
    Presidente CAFS
    T.E: 4758-2554
   
urdinolaroberto@hotmail.com


    Bibliografía
    Roland Barthes: Ensayos Críticos: “Tácito y El barroco fúnebre.”
    Walter Benjamin: El origen del drama barroco alemán
    Novalis “Los discípulos de Sais”