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Pagina 12 13-07-2000

"Me aterra la idea de hacerlo yo también"

"Lego la nada a nadie. "
"El Suicidar. J. L. Borges"

Por Roberto Urdinola*

"Han pasado varios años y me sigo preguntando por qué. “Fue muy egoísta al no pensar en nosotros.”, “Me aterra la idea de que yo lo haga también..”
Hay ciertos hechos que acompañan a los miembros de algunas familias durante toda la vida, provocando vergüenza. culpa y rencor. Uno de ellos. que no pasa inadvertido ni se puede olvidar, es el suicidio de un familiar o amigo. El suicidio es una verdad evidente; aquellos que así padecieron comienzan a vivirlo como un drama que los marca y se hace sentir en sus comportamientos cotidianos.
El suicidio no es una enfermedad en sí misma pero podemos nombrar como afectados a quienes lo vivieron. El hecho irrumpe provocando un dolor singular al .que los afectados se van acostumbrando silenciosamente. alimentándolo con sentimientos e ideas insistentes, incomprensibles para quienes no lo padecen. Heridos en su amor propio (“... cómo me hizo eso”) o sintiendo vergüenza al hacerse pública una muerte que no responde a las leyes naturales. los pacientes afectados intentan encontrar alguna significación
Alguien ha dicho que dejar de vivir no es dejar de existir: en familias afectadas por, un suicidio. la existencia del suicida palpita bajo la forma de tres "signos vitales': el legado, la participación y el enigma. Como herencia no querida impuesta, estos tres elementos comienzan a moldear las mentes de los deudos.
El legado y la participación son formalidades y sociales en los rituales fúnebres en nuestra cultura, necesarios a la voluntad y a la memoria del difunto, pero en la muerte por suicidio adquieren otros ribetes. Ya los griegos ubicaban a ambos como algo que se desprendía de toda muerte trágica con tal fuerza que obligaba a una vida desdichada a quienes convivieron con e1 difunto y lo sobreviven. A partir del suicidio, la desgracia se du-

Existe: "El suicida ya no vive, pero sigue existiendo en las mentes de los deudos bajo la forma de tres signos el legado, la participación y el enigma".

plica: a la pérdida del ser querido se le suma. como obligación o mandato. la adopción de comportamiento patológicos. Es común observar en los afectados profundas depresiones. que a veces los llevan a abandonar sus tareas habituales. Al igual que el suicida. al que nada ni nadie lo hizo cambiar en su decisión. el afectado muestra indiferencia por el mundo que lo rodea. Como si el deseo de vivir y amar hubiese sido arrastrado por esa muerte. Vivir y amar. diferenciarse. de aquella decisión. genera culpa. Un ejemplo es el de aquella paciente que pidió psicoterapia para preguntar “qué hacer” por su novio, por uno de sus hermanos. por su jefe de oficina, a los que veía "mal''. y esa preocupación multiplicada no era más

que reflejo de la culpa que sentía por no haberse dado cuenta de lo "real" que había estado otro hermano antes de suicidarse.
El legado, la participación, muestran un pensamiento que lleva a otra realidad dad diferente de la cotidiana, pero con igual fuerza comprometedora. Son pensamientos en apariencia fantasiosos, pero cuya realidad inconscientes de tal magnitud atractiva que deja en el camino cualquier supuesta madurez racional.
Pero ambos elementos no tendrían eficacia sin la presencia de aquello que nombrarnos como el enigma.
Un paciente que había perdido a su padre por suicidio insistía en descubrir cuál era el verdadero motivo de la decisión. aunque el padre le había dirigido precisamente a él una carta "explicándolo'". Aun bajo explicaciones "comprensibles". lo que el suicida trasmite es esa nada de verdad que hace del suicidio. a los ojos de los afectados. algo inmotivado. Es así aunque pueda referírselo a causas como una enfermedad terminal. Siempre hay un resto enigmático. Ese enigma los hace fondear en el drama.

Pero esto no nos obliga a dirigir el tratamiento con pacientes afectados en forma "detectivesca'', a la búsqueda de la verdad del acontecimiento:
de aquélla de la verdad. sólo goza el muerto: "Se la llevó a la tumba". Entonces. ya no es sólo el vacío por la ausencia. sino también la verdad que se negó. dejando en el paciente un cierto legado de encontrarla: dar con la respuesta que cierre el abismo abierto por el enigma. Dar con la palabra que permita retomar el deseo. Es muy frecuente que estos pacientes sufran de síntomas psicosomáticos. afecciones corporales. Pero éstos serán verdaderos síntomas, es decir, con posibilidad de cura. una vez que quienes los padecen decidan interrogar sus sentimientos. Mientras .tanto serán sólo expresiones que en el mejor de los casos no interrumpen su vida, pero que hacen de él ese nadie al que alude. el verso de Borges. porque su deseo esta comprometido, y él participa de la desdicha que llevó a la trágica decisión.

Entonces. la pregunta es: ¿encontrarse o relacionarse? Encontrarse con el suicida es caer en el fondo inerte del abismo, sin posibilidad de duelo ni de olvido. Se trató en cambio, de relacionarse: hacer de esa fosa abierta el surco del que crezca otra manera de vivir, con el suicidio y ya no con el suicida.


*Psicólogo.