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"Lego la nada a nadie.
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"El Suicidar. J. L. Borges"
Por Roberto Urdinola*
"Han pasado varios años y me sigo preguntando por qué. “Fue muy egoísta al
no pensar en nosotros.”, “Me aterra la idea de que yo lo haga también..”
Hay ciertos hechos que acompañan a los miembros de algunas familias durante
toda la vida, provocando vergüenza. culpa y rencor. Uno de ellos. que no
pasa inadvertido ni se puede olvidar, es el suicidio de un familiar o amigo.
El suicidio es una verdad evidente; aquellos que así padecieron comienzan a
vivirlo como un drama que los marca y se hace sentir en sus comportamientos
cotidianos.
El suicidio no es una enfermedad en sí misma pero podemos nombrar como
afectados a quienes lo vivieron. El hecho irrumpe provocando un dolor
singular al .que los afectados se van acostumbrando silenciosamente.
alimentándolo con sentimientos e ideas insistentes, incomprensibles para
quienes no lo padecen. Heridos en su amor propio (“... cómo me hizo eso”) o
sintiendo vergüenza al hacerse pública una muerte que no responde a las
leyes naturales. los pacientes afectados intentan encontrar alguna
significación
Alguien ha dicho que dejar de vivir no es dejar de existir: en familias
afectadas por, un suicidio. la existencia del suicida palpita bajo la forma
de tres "signos vitales': el legado, la participación y el enigma. Como
herencia no querida impuesta, estos tres elementos comienzan a moldear las
mentes de los deudos.
El legado y la participación son formalidades y sociales en los rituales
fúnebres en nuestra cultura, necesarios a la voluntad y a la memoria del
difunto, pero en la muerte por suicidio adquieren otros ribetes. Ya los
griegos ubicaban a ambos como algo que se desprendía de toda muerte trágica
con tal fuerza que obligaba a una vida desdichada a quienes convivieron con
e1 difunto y lo sobreviven. A partir del suicidio, la desgracia se du-
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Existe: "El suicida ya no vive, pero sigue existiendo en las
mentes de los deudos bajo la forma de tres signos el legado, la
participación y el enigma". |
plica: a la pérdida del ser
querido se le suma. como obligación o mandato. la adopción de comportamiento
patológicos. Es común observar en los afectados profundas depresiones. que a
veces los llevan a abandonar sus tareas habituales. Al igual que el suicida.
al que nada ni nadie lo hizo cambiar en su decisión. el afectado muestra
indiferencia por el mundo que lo rodea. Como si el deseo de vivir y amar
hubiese sido arrastrado por esa muerte. Vivir y amar. diferenciarse. de
aquella decisión. genera culpa. Un ejemplo es el de aquella paciente que
pidió psicoterapia para preguntar “qué hacer” por su novio, por uno de sus
hermanos. por su jefe de oficina, a los que veía "mal''. y esa preocupación
multiplicada no era más |
que reflejo de la culpa que
sentía por no haberse dado cuenta de lo "real" que había estado otro hermano
antes de suicidarse.
El legado, la participación, muestran un pensamiento que lleva a otra
realidad dad diferente de la cotidiana, pero con igual fuerza
comprometedora. Son pensamientos en apariencia fantasiosos, pero cuya
realidad inconscientes de tal magnitud atractiva que deja en el camino
cualquier supuesta madurez racional.
Pero ambos elementos no tendrían eficacia sin la presencia de aquello que
nombrarnos como el enigma.
Un paciente que había perdido a su padre por suicidio insistía en descubrir
cuál era el verdadero motivo de la decisión. aunque el padre le había
dirigido precisamente a él una carta "explicándolo'". Aun bajo explicaciones
"comprensibles". lo que el suicida trasmite es esa nada de verdad que hace
del suicidio. a los ojos de los afectados. algo inmotivado. Es así aunque
pueda referírselo a causas como una enfermedad terminal. Siempre hay un
resto enigmático. Ese enigma los hace fondear en el drama.
Pero esto no nos obliga a dirigir el tratamiento con pacientes afectados en
forma "detectivesca'', a la búsqueda de la verdad del acontecimiento:
de aquélla de la verdad. sólo goza el muerto: "Se la llevó a la tumba".
Entonces. ya no es sólo el vacío por la ausencia. sino también la verdad que
se negó. dejando en el paciente un cierto legado de encontrarla: dar con la
respuesta que cierre el abismo abierto por el enigma. Dar con la palabra que
permita retomar el deseo. Es muy frecuente que estos pacientes sufran de
síntomas psicosomáticos. afecciones corporales. Pero éstos serán verdaderos
síntomas, es decir, con posibilidad de cura. una vez que quienes los padecen
decidan interrogar sus sentimientos. Mientras .tanto serán sólo
expresiones que en el mejor de los casos no interrumpen su vida, pero que
hacen de él ese nadie al que alude. el verso de Borges. porque su deseo esta
comprometido, y él participa de la desdicha que llevó a la trágica decisión.
Entonces. la pregunta es: ¿encontrarse o relacionarse? Encontrarse con el
suicida es caer en el fondo inerte del abismo, sin posibilidad de duelo ni
de olvido. Se trató en cambio, de relacionarse: hacer de esa fosa abierta el
surco del que crezca otra manera de vivir, con el suicidio y ya no con el
suicida.
*Psicólogo.
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